¿Por qué se deben hacer los análisis en ayunas?

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No ingerir alimentos durante las ocho horas anteriores a la extracción de sangre garantiza que no se produzcan alteraciones bioquímicas.

Entre la última comida y la extracción de sangre tienen que transcurrir al menos ocho horas por dos razones. La primera parece lógica: después de tomar alimentos puede cambiar la concentración de algunos parámetros que se miden en la analítica, como el colesterol, la glucosa, los triglicéridos y las transaminasas. De hecho, después de comer grasas, los lípidos pueden verse en el plasma, porque lo tiñen de amarillo.

 

Y aunque algunos estudios indican que la incidencia en esos valores es mínima si se ingiere un desayuno normal, mejor evitar cualquier posibilidad de alteración bioquímica. También se recomienda alargar el ayuno hasta las catorce horas si el paciente presenta previamente altos niveles de triglicéridos.

La segunda razón es quizá menos evidente y tiene que ver con la tecnología que se usa para analizar la muestra: los equipos están pensados para manipular sangre limpia, y la que discurre por el cuerpo tras la ingesta no lo es, pues tiene en suspensión sustancias que podrían interferir en el funcionamiento del aparato y en los resultados.

Con los análisis de orina no ocurre lo mismo; tomar la muestra en ayunas no altera nada la presencia o no, por ejemplo, de los microorganismos responsables de las infecciones. Se recoge la de primera hora de la mañana porque es la más concentrada y contiene los productos de desecho que los riñones han producido durante la noche.

Otro consejo de los médicos es dejar que fluya un poco la orina antes de recogerla, porque la presencia de bacterias es mayor a medida que avanza la micción.

Fuente: muyinteresante.es

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