La inquietas voces en Carmen de Uria

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La tragedia de Vargas ocurrida en el 99 sin duda cambió la historia y las vidas de los habitantes de nuestra región. Las pérdidas materiales y humanas aún son incalculables, sin embargo, este pueblo se sobrepuso de una gran tristeza que nos embargó durante mucho tiempo por esta causa. Seguir a delante y tratar de reconstruir la vida y algunas de las cosas perdidas ha sido lo más duro que se ha vivido. Unos de los lugares donde la naturaleza arreció y donde falleció mucha gente fue el hermoso pueblo de Carmen de Uria. Un asentamiento clase media que quedó devastado por dicha tragedia. Después de muchos años y sin opción de recuperación en la zona, se ha convertido en un lugar desolado donde solo restos de aquellas hermosas viviendas quedan en pie.

Para resguardo del lugar se asignó de forma fija, en lo que era la entrada, a un grupo de guardias nacionales y militares. Según muchos de los que han estado de guardia cuentan que estar allí no es muy agradable, ya que las noches en el lugar no son nada tranquilas, se siente el ambiente inquieto y silencioso de una población que no se esperaba que su acogedor vecindario lo arrastrarían las aguas. Hoy los allí presentes en la base, aseguran que no duermen bien. En las noches, son llamados por sus nombres y apellidos. Sienten el rugir y el olor del río crecido, además de los gritos y la desesperación de las voces de los muertos de Carmen de Uria que retumban en el eco de las montañas. Aseguran que nadie descansa en paz, a pesar del silencio de la noche. Muchos han pedido cambio, otros se han acostumbrado. Lo que sí es cierto, es que debe ser escalofriante estar en un lugar donde deben estar aún almas sin rumbo con sueños inconclusos.

Carmen Romero.-

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